
Tsze-Chang, el hombre, se tendió una tarde en el jardín de manzanos y vio que todo era perfecto. Que los árboles y sus ramas, así como su cansancio después de la agotadora jornada en el campo de armijo, eran perfectos.
Las cuatro estaciones siguieron su curso y todas las cosas se produjeron continuamente.
Tsze-Chang, el hombre, está mirando el jardín de manzanos, su visión es apacible y tranquila, sus pensamientos claros como el agua. El mundo es pequeño desde allí, cabe todo vertical entre una rama y otra; puede ver, claramente, que es invierno y que estás mirando desnuda el mundo desde tu ventana con tu cara circular deshojada; ve cómo te han dolido horizontalmente sus besos y que sus mordeduras de serpiente han dejado un líquido azul abriéndose paso por tus venas.
Tsze Chang está en el jardín de manzanos.