Entonces, cuando te canses de brincar de un lado a otro, saltamontes, y te tiendas en el pasto por la noche, después que hayas pegado tu oído a la tierra escucharás los sonidos de la ciudad de los insectos; recién y sólo recién podrás darte la vuelta y quedar boca arriba comiéndote las estrellas. Y eso, eso no es una metáfora. También puedes abrir los brazos todo lo que puedas, separar las piernas y extenderlas mucho hasta que no te duela, y verás lo grande que eres; cuántas estrellas puedes abarcar con tu cuerpo que en realidad son soles, cuántos años luz hay entre un brazo y otro, entre una pierna y otra, entre un dedo y otro. Y eso no es nada, después puedes seguir creciendo infinitamente, hasta donde lleguen tus ojos.